La Proclama: Por Un País De Los Niños
Gabriel García Márquez
María Alejandra Ortiz Perdomo
Noveno B
Claudia Patricia Monroy
Área: Lengua Castellana
Colegio Nuestra Señora Del Rosario
Espinal – Tolima
2015
RESUMEN
La Proclama: Por Un país Al Alcance De Los
Niños
Gabriel García Márquez
Lunes, 21 de Abril de 2014
Al principio Cristóbal Colón, respaldado por
una carta de los reyes de España para el emperador de China, había descubierto
aquel paraíso por un error geográfico que cambió el rumbo de la historia. En su
diario de a bordo escribió que los nativos los recibieron en la playa como sus
madres los parieron, que eran hermosos y de buena índole, y tan cándidos de
natura, que cambiaban cuanto tenían por collares de colores y sonajas de latón.
Pero de todos modos su corazón perdió los estribos cuando descubrió que sus
narigueras eran de oro, al igual que las pulseras, los collares, etc; en fin
casi todo era de oro.
El mundo más descubierto de ese entonces eran
los incas, con diez millones de habitantes, tenían un estado legendario bien
constituido, con ciudades monumentales en las cumbres andinas para tocar al
dios solar. Se reconocían por los sistemas magistrales de cuenta y razón y
archivos y memoriales de uso popular que uso popular. En esas están los Aztecas
y los mayas habían plasmado su conciencia histórica en pirámides sagradas entre
volcanes acezantes, y tenían que emperar clarividentes y artesanos sabios que
desconocían el uso industrial de la rueda, pero la utilizaban en los juguetes
de los niños.
En la esquina de los dos grandes océanos se
extendía cuarenta mil leguas cuadradas que Colón entrevió apenas en su cuarto
viaje, lo habitaban desde hacía unos doce mil altos varias comunidades de
diversas lenguas y culturas distintas, tenían sistemas antiguos de ciencias y
educación. Oro y tierras preciosas de sobra para dejar sin oficio a los
alquimistas y empedrar los caminos del cielo con doblones a cuatro. Esa fue la
razón y la fuerza de la conquista y la colonia, y el origen real de lo que
somos, sus límites y sus divisiones políticas de doce provincias eran
semejantes a las de hoy.
En una sociedad que era un modelo
oscurantista de discriminación racial y violencia larvada, bajo el manto del
santo oficio. Los tres o cuatro millones de indios que encontraron los
españoles estaban reducidos a un millón por la crueldad de los conquistadores y
las enfermedades desconocidas que trajeron consigo. Las leyes de indias habían
impuesto patrones milimétricos de segregación según el grado de sangre blanca
dentro de cada raza: mestizos de distinciones varias, negros esclavos, negros
libertos mulatos de distintas escalas. Llegaron a distinguirse hasta dieciocho
grados de mestizos, y los mismos blancos españoles.
Hasta hace pocos años no se aceptaban todavía
en los colegios de Colombia a los hijos de uniones libres. Los negros padecían
de muchas discriminaciones. Simón Bolívar,
a los 35 años, había dado la orden de ejecutar ochocientos prisioneros
españoles. Francisco de Paula Santander a los 28, hizo fusilar a los
prisioneros de la batalla de Boyacá, incluyendo a su comandante. Un recurso
providencial de los indígenas contra los españoles desde el día mismo del
desembarco, para quitárselos de encima, mandaron a Colón de isla en isla,
siempre a la isla siguiente, en busca de un rey vestido de oro que no había
existido nunca.
Tal vez de esos talentos precolombinos nos
vienen también una plasticidad extraordinaria para asimilarnos con rapidez a
cualquier medio. La cualidad con que se le distingue con el folclor del mundo
entero es que ningún colombiano se deja
morir de hambre. Los radicales del siglo XlX, y mas tarde la generación del
centenario, volvieron a proponérselo con políticas de migraciones masivas para
enriquecer la cultura del mestizaje, pero unas y otras se frustraron por un
temor casi teológico de los (demonios exteriores. Aun hoy estamos lejos de
imaginar cuanto; dependemos del basto mundo que ignoramos.)
Nuestra educación conformista y represiva no
parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no
fue pensado para ellos, en lugar de poner el país al alcance de ellos para que
lo transformen y engrandezcan. La clarividencia precoz y la sabiduría del
corazón, hasta que los niños olviden lo que sin duda saben de nacimiento: que
la realidad no termina donde dicen los textos. De otro modo: al colombiano sin
corazón lo pierde el corazón. Pues somos dos países a la vez: uno en el papel y
otro en la realidad. Pero llevamos bien despierto en el alma un leguleyo de
mano maestra para burlar las leyes sin violarlas, o para violarías sin castigo.
Tal vez estemos pervertidos con un sistema
que nos incita a vivir como ricos mientras el cuarenta por ciento de la
población mal vive en la miseria. La Misión de la Ciencia, Educación y
Desarrollo no a pretendido una respuesta, pero a querido diseñar una carta de
navegación que tal vez ayude a encontrarla. Que canalice hacia la vida la
inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la
depredación y la violencia, y no abra al fin la segunda oportunidad sobre la
tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por el
país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños